Si nò nos cons-
tase con indudable certidum-
bre el q hemos de morir, quan-
do lo vemos en todos, y à ningu-
no essento. Si la conciencia pro
pia à cada uno, nò nos cruciase
horriblemente, quando obramos
contra lo que nos dicta la ra-
zon; ya pudieramos negar, o
al menos dudar el q havia
Dios.