El autor recrimina a Juan José Aranda su vida licenciosa y le advierte de que su comportamiento escandaloso puede provocar la intervención del Santo Oficio.
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Ju Jph rezivi la tuia pero extraño
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| [2] | no te me des por entendido de la qe dias
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| [3] | haze te tengo escritta sobre lo qe te Combiene
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| [4] | por lo que me haze discurrir desprezias
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| [5] | mis consejos, y me estoy temiendo por instan
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| [6] | tes verte en un prezipizio y atolladero qe
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| [7] | ni te puedas desatascar, ni nosotros sa-
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| [8] | car la Cara por ti porque infiero de lo mis
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| [9] | mo que me dizes haver llegado a un esta
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| [10] | do lamentable tu relaxazon y prozeder
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| [11] | Porque qudo Dios permite qe a un sazerdote
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| [12] | con espezialidad á un Parroco le ultragen
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| [13] | de obra, y de palabra los seculares, y lo qe
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| [14] | mas es sus mismos feligreses, qe le deben res-
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| [15] | petar como a un oraculo de Dios, es prueba
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| [16] | evidente de qe su Vida es relaxada, y perversa
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