El autor encomienda a José Pardo que Manuela Palomino sea conducida discretamente a Paredes (Cuenca) para que nadie descubra su paradero; y le encarga también que se asegure de que su primo le haga llegar a la cárcel las llaves de su casa. Además, se compromete a dar las instrucciones oportunas para que se le entreguen la cantidad de garbanzos y la pólvora prometidas.